Lentamente llegan las respuestas ambientales

El 5 de junio se conmemora, como todos los años, el “Día Mundial del Medio Ambiente”. No hace tanto que hablar del cuidado ambiental era toda una rareza. Hoy, en cambio, la temática ocupa las primeras planas de los diarios, las revistas y la televisión. Lamentablemente, no siempre esto equivale a buenas noticias.

Mientras China planea construir más de un centenar de nuevas centrales térmicas a carbón para mantener miles de puestos de trabajo, el presidente norteamericano Donald Trump acaba de dar nuevo impulso a la producción y el consumo de combustibles fósiles a través de dos proyectos que parecían olvidados por su impacto ambiental: el oleoducto Keystone XL, que vincula Canadá con Estados Unidos, y el oleoducto de Acceso de Dakota, bajo el lago Oahe, en Dakota del Norte.

Más allá de estas preocupaciones puntuales, que hoy comparten la agenda internacional con las elecciones en Francia y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y Corea del Norte, si se amplía la mirada debe reconocerse que con el paso del tiempo la problemática de la protección del medio ambiente se expandió sobre cada vez más ámbitos de la sociedad. Esto se está traduciendo, por supuesto, en nuevos desafíos a resolver que necesitan tanto de la implementación de políticas ambientales públicas y privadas como del compromiso de cada uno de nosotros.

Es obvio que aún tenemos mucho camino por desandar a nivel local y mundial. Aunque el desaliento por ciertas novedades negativas nos haga pensar que estos temas no tienen resolución, lo cierto es que lentamente algunas respuestas -otrora utópicas- van llegando.

En efecto, las estrategias de mitigación y adaptación ante la realidad del cambio climático y sus efectos posibles sobre la economía comienzan a transformarse en acciones concretas que incluyen planes de reordenamiento urbano, políticas impositivas y de subsidios para orientar la producción y el consumo, e incentivos para el cambio de la matriz energética.