Editorial-Gago

El que no se reconvierte pierde

Cuando hablamos de Cambio Climático y de los esfuerzos internacionales necesarios para mitigar sus efectos negativos sobre el planeta resulta inevitable aludir a la “grieta” que significó la postura adoptada por el presidente norteamericano en cuanto al Acuerdo de Parí­s. Donald Trump considera que este fenómeno es una “farsa” y justifica su postura en informes que, entre otros augurios, advierten que la aplicación de los compromisos para reducir las emisiones nocivas acabarán eliminando 6,5 millones de empleos para 2040.

Cabe recordar que, bajo la gestión presidencial de Barack Obama, el gigantesco mercado estadounidense pretendí­a alcanzar para 2025 un recorte de las emisiones de entre un 26% y 28% con respecto a los niveles de 2005. Según estimaciones de la consultora Rhodium Group, al cancelar las polí­ticas energéticas de Obama (quien acaba de visitar la Argentina para participar de la Cumbre Economí­a Verde en la provincia de Córdoba), Estados Unidos solo disminuirá un 14% su aporte contaminante.

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Si hay algo que parece no entender Trump es que el mercado de la energí­a es global y que el repliegue puede crear una desventaja competitiva para su nación. Debe considerarse que China invirtió el pasado ejercicio unos 103.000 millones de dólares (o sea, 91.000 millones de euros) en energí­as limpias frente a los 39.000 millones de euros desembolsados por Estados Unidos cuando Obama era aún presidente.

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Todo indica que en los próximos años habrá un incremento de la demanda por las tecnologías que permitan la transición a las energías limpias y que eso creará una enorme cantidad de empleos genuinos. El futuro parece destinado a quienes entiendan que la sustentabilidad es -además de un imperativo para la supervivencia de la humanidad- un negocio redituable. Ante este escenario, quienes apelen a razones económicas para justificar su inacción en materia ambiental serán, paradójicamente, quienes más fuertemente verán resentidas sus economías.