Argentina ante una oportunidad política y estratégica

A la hora de discutir y elaborar respuestas para las preguntas que hoy se hace el mundo en relación con la sustentabilidad, el cuidado ambiental y la continuidad de la especie, la Argentina no desempeña el papel marginal que podrían implicar su ubicación geopolítica austral o su relativo peso en el mercado internacional. De hecho, el país se encuentra en una posición privilegiada: en 2018 será sede de la próxima reunión del G-20 y estará a cargo de su Presidencia.

Este rol debe considerarse aún más significativo dada la naturaleza del G-20: un foro informal, sin reglas explícitas ni una burocracia permanente, cuya venidera cumbre se convertirá en un evento de nivel internacional en el que se discutirán las más novedosas temáticas del ámbito de la energía y el medio ambiente.

Según Marcos Peña, desde la Presidencia del G-20 la Argentina “buscará ser un puente entre las realidades diversas” para encontrar “puntos en común”. A criterio del jefe de Gabinete, el país tiene por delante “una oportunidad única” de continuar la “gran transformación” y “recuperar el tiempo perdido e insertarse positivamente en el mundo”.

Así, el Gobierno apunta a llevar adelante una agenda de trabajo que promueva acuerdos con objetivos inclusivos y sostenibles, como la creación de puestos de trabajo, la mejora educativa y políticas de seguridad alimentaria.

En materia de fuentes renovables debemos diversificar tecnologías y fuentes de producción, porque hoy es muy poco lo que tenemos. Pese al anuncio de la Ronda 2.0 del Plan RenovAr, parece difícil cumplir el objetivo de cubrir un 8% de la matriz energética con fuentes limpias para 2018. No obstante, constituye un saludable avance en pos de alcanzar el 20% previsto para 2025.

Asimismo, la mejor forma de fortalecer a las comunidades es proteger su biodiversidad. Por eso vemos con buenos ojos los proyectos de Bosques Nativos y Comunidad que fomentan el uso racional de las áreas boscosas y fortalecen a las comunidades para que puedan permanecer en sus territorios con el sustento de los bienes y servicios que estos ofrecen. Se trata, en definitiva, de otro paso positivo en aras de sentar posición frente a las pujas internacionales por el desarrollo sustentable y la lucha contra el cambio climático.